El miércoles pasado celebramos la despedida de Dabo y Ebrima, dos de los chicos que hemos acompañado en la Casa Paco Girón . Su historia es un ejemplo de superación y resiliencia que no podemos dejar de compartir.
Ebrima procede de Gambia y Dabo, de Guinea Bissau; ambos llegaron a España siendo menores y han sido tutelados por la Junta de Andalucía. Uno tímido, otro chispeante; uno del Barça, otro del Madrid. Los dos respetuosos y cumplidores. Aquí se conocieron el verano pasado y, por su gran afición al fútbol, se hicieron amigos, además de rivales.
Cuando surgió una oportunidad de empleo en Sevilla, no se lo pensaron mucho: aceptaron un contrato de aprendizaje en una empresa de mármoles y granitos a pesar de la distancia que debían cubrir cada día. El trabajo implicaba levantarse a las 5.30 de la mañana para caminar hasta la estación y poder tomar el tren de las 6.30, que les dejaba en Santa Justa a las 8. Unos minutos más andando para pillar el bus urbano que les llevaba a Torreblanca, al polígono industrial donde empezaban su jornada a las 9.
A las 17.00 terminaban y, tras asearse, debían tomar dos buses hasta la Estación de Plaza de Armas. Nunca llegaban a tiempo de pillar el bus de las 18.30 y había que esperar al de las 19.30. A Damas llegaban una hora más tarde y a casa, a las 21.00, con el tiempo justo para cenar con el resto de residentes, ver algún partido en Internet, prepararse el almuerzo del día siguiente y acostarse temprano. Así, día tras día.
Una vez pasaron el periodo de prueba y consiguieron estabilizar su situación laboral empezamos a buscar algún recurso en Sevilla que les permitiera seguir ahorrando para su emancipación o, incluso, algún tipo de vivienda compartida para emanciparse directamente., pero fue imposible tramitar estas opciones y ellos siguieron madrugando. ¡Tanto se acostumbraron al horario que incluso iban a entrenar al fútbol a partir de las 9 de la noche!
Aunque ellos estaban felices con su trabajo y nunca se quejaban, nosotros queríamos que tuvieran vida fuera del ámbito laboral y tiempo libre para disfrutarla.
Finalmente, tras 7 meses continuados de desplazamientos ida y vuelta a Sevilla, surgió una oportunidad para trasladarse a un recurso de mayoría en Sevilla y la aprovecharon. Antes de ayer los despedimos, ayer los acompañamos a su nuevo hogar y hoy los echamos mucho de menos, porque nos han dejado una huella imborrable en el corazón.
¡Dabo, Ebrima!, sin duda os irá bien en Sevilla porque sois un amor de personas y nos alegra mucho haber compartido este tiempo con vosotros.

